Mari: de la oficina al campo, una historia de resiliencia
A los 52 años, Mari se vio obligada a dejar atrás su carrera como administrativa para iniciar una nueva etapa profesional en el mundo de la agricultura, un cambio que jamás habría imaginado tras décadas dedicada a un trabajo completamente distinto.
Hace dieciséis años, Mari recibió la noticia de que su marido, productor y agricultor de varios campos de naranjos, estaba enfermo. Ante esta situación, decidió dejar su trabajo como administrativa en una inmobiliaria para ayudarlo en el cultivo de los naranjos, que en aquel momento funcionaba como un vivero convencional. Hasta entonces, su contacto con ese mundo se había limitado a pasar los domingos en los campos con su familia.
Siempre me ha gustado ir a ver los campos con mis hijas y mi marido, pero nunca me hubiese imaginado que tendría que encargarme yo de ellos.
Cuando su marido falleció, Mari decidió liquidar todo el vivero y seguir encargándose de los huertos por respeto a lo que su marido les había dejado a sus hijas, su herencia, y por continuar construyendo lo que él había levantado durante tantos años, sin permitir que se perdiera todo ese esfuerzo.
Se puso manos a la obra y empezó a aprender todo desde cero. Según ella cuenta, al principio iba «muy vendida», ya que no entendía ese mundo ni lo conocía. Fue difícil. Comenzó revisando las facturas de los productos que compraba su marido, ya que ella llevaba la contabilidad cuando él aún se encargaba de los huertos y del vivero. Observaba qué tipo de abono utilizaba según la época del año y, cuando todavía trabajaban en agricultura convencional, aprendió que no se puede usar siempre el mismo porque la tierra acaba acostumbrándose y deja de absorberlo correctamente. Mari se emociona contando cómo fue aprendiendo a manejar los huertos poco a poco gracias a la ayuda de las cooperativas y los peritos, quienes le iban aconsejando qué productos usar, en qué cantidad y en qué momento aplicarlos.
Con el paso del tiempo tuvo que abandonar algunos huertos y tierras siguiendo el consejo de sus hijas, quienes le hicieron ver que estaba trabajando demasiado para un beneficio casi inexistente. Lo que obtenía de unas parcelas debía invertirlo en otras y, además, tenía que asumir todos los jornales. Al final no le quedaba nada y, en ocasiones, incluso tenía que poner dinero de su propio bolsillo. Por ello, decidió reducir la superficie para poder continuar con una mejor calidad de trabajo, dejando algunos huertos atrás.
Su paso de convencional a ecológico
Aunque su marido nunca llegó a decidirse por la agricultura ecológica, a pesar de que ella ya empezaba a planteárselo, porque consideraba que suponía demasiado trabajo y que los huertos no estaban preparados para ese cambio, Mari, unos años después decidió dar el paso y arriesgarse.
La conversión a la agricultura ecológica estuvo impulsada principalmente por sus hijas: la mayor, doctora en Ciencias Biológicas y especializada en parásitos, quien llevaba años animándola a realizar este cambio por ser más rentable y motivador, y la hija pequeña, terapeuta especializada en daño cerebral. Tuvo que hacer varios cursos para poder llevar a cabo esta transformación. A medida que se iba sumergiendo en este mundo, se daba cuenta de que le ofrecía otro aliciente, otra forma de tratar las cosas y de ver los ecosistemas.
El cambio de la agricultura convencional a la ecológica consiste en dejar que los árboles sigan más su ciclo natural y en no utilizar productos que, durante su crecimiento, sean perjudiciales para el medio ambiente o para las personas.
Mari cuenta que el cambio a la agricultura ecológica le ha servido para concienciarse más sobre el aprovechamiento del material vegetal, el reciclaje y la reutilización de los restos verdes para elaborar compost. El paso a la agricultura ecológica supuso mucho más esfuerzo y sacrificio, pero, a pesar de la dificultad, ha sido una experiencia muy motivadora.
Hoy en día
A día de hoy, aunque ya está jubilada, sigue siendo la responsable de los huertos, ya que alquilarlos o venderlos no es una opción para ella. Es quien se mantiene pendiente de que todo funcione correctamente: los trabajadores, los productos y el estado general de los campos.
A partir de su experiencia, reflexiona sobre la inconsciencia de la sociedad frente al cambio climático, ya que los efectos de la sequía son devastadores y difíciles de imaginar hasta que se viven de cerca desde la agricultura. Esta realidad le ha hecho tomar una mayor conciencia ambiental.
Para Mari, la agricultura es una labor hermosa, pero profundamente vulnerable, ya que no depende solo del esfuerzo humano, sino de factores externos como el clima, lo que la convierte en una actividad tan valiosa como frágil.